
Alma en pena
El folklore mendocino alberga una de las figuras más elegantes y, a la vez, aterradoras de la cordillera de los Andes: El Futre. Este espíritu no es el típico fantasma de harapos; es una entidad que viste de etiqueta.
La mayoría de las versiones se remonta a finales del siglo XIX, durante la monumental construcción del Ferrocarril Trasandino, la obra de ingeniería que buscaba unir Mendoza con Chile.
Se trataba de un empleado (de origen ingles) de apellido Foster de la compañía ferroviaria, era el encargado de pagar los sueldos a los obreros en los campamentos de alta montaña. Por diversión, o porque no podían pronunciar bien su apellido, lo apodaron Futre. Un día el capataz decidió no pagarle a modo de castigo por el retraso de la obra. Se dice que fue emboscado en su regreso a la ciudad por bandidos o por los mismos trabajadores descontentos por no recibir la paga y los malos tratos que recibían, quienes lo asesinaron para robarle el maletín que contenía el dinero, le cortaron la cabeza y la lanzaron a la ladera de la montaña para así perderse para siempre sin que nadie la encuentre.
Aseguran que desde entonces su fantasma vaga en la noche por los cerros cargando su propia cabeza en una mano, Sin inmutarse demasiado, le pregunta a quien se encuentra cara a cara por “si a visto su maletín” y, luego de hacerlo, desaparece dejando únicamente sus huellas.
Tipo de interacción
Origen
Siglo XIX
Región
Hábitat Predilecto
En la jerga popular de la época, la palabra "futre" se utilizaba para designar a una persona elegante o vestida con pretensiones, generalmente alguien de ciudad que desentonaba con el rudo ambiente rural.